
Robert Pires llegó el verano pasado al Madrigal curtido en mil batallas futboleras, que unidas a esa lesión de cruzado de rodilla que tanto azotó a los profesionales de nuestro balompié, le impidieron dar lo mejor que él lleva dentro. Pero hete aquí que este francés de origen portugués eligió el día correcto para volver a adquirir notoriedad.
Y es que el pasado domingo vaya partidazo que realizó frente al Barça el ex de Metz, Marsella y Arsenal con gol incluido. Moviéndose entre líneas, mostrándose, tocándola de primera, reteniéndola cuando era preciso y tácticamente siendo muy pero que muy útil a Manuel Pellegrini. Siempre fue individuo completísimo, en sus años mozos poseía desborde por fuera y por dentro, tiraba diagonales mortíferas, podía (y puede) jugar en cualquiera de las dos bandas (y en la mediapunta, un tío polivalente), tenía gol y un exquisito toque de balón. En definitiva: variedad.
Es un pelotero mítico y de gran categoría, ¿quién no recuerda aquella escapada por banda en la Euro 2000 frente frente a Italia que acabó rematando David Trezeguet para llevar el cetro continental al país galo? ¿Quién no recuerda aquella asistencia en el partido frente a Paraguay en el Mundial de Francia 98 que remató Blanc previa dejada del antes mencionado Trezeguet? Desde luego los que nos gusta el buen fútbol sí. Isaac Newton de tonto no tenía un pelo.